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MARIANO SAYÁN
Director de SRM de NIUFLEEX

Creencias

Entonces, son las creencias las que están justificando, perpetuando y evidenciando lo que está dentro de nosotros, y también es a través de ellas, al identificarlas y modificarlas, que podemos transformar nuestra vida y alcanzar todo nuestro potencial.

¿Y si la realidad es lo que decidimos ver y creer? Atrévete a jugar, imagínate que un día muy soleado te empezaron a probar diferentes anteojos con vidrios de diversos colores; unos eran rojos, otros amarillos, algunos azulados, y también te dieron lentes grises y un par de negros muy oscuros. De todos los lentes que te pusieron, este último par fue el que más cómodo te quedó, lo sentiste tan agradable en tu rostro y amable con tu vista que, sin querer, olvidaste por completo que lo tenías puesto. Así que, desde aquel día, observas el mundo así, todo lo que ves está mediado, empañado y teñido por el color del cristal de tus gafas; es decir, así como el ojo de la rana no ve nada que no esté en su campo, tú no puedes ver nada que esté más allá de los límites y posibilidades de tus propias gafas, las cuales, ¡recuerda!, has olvidado que traes puestas.

El cerebro, en su búsqueda por sobrevivir, desarrolló diversas estrategias eficaces para lograrlo, las cuales se basan en perseguir lo agradable y alejarse de lo desagradable y peligroso. En función de esto y en interacción constante con el ambiente, el cerebro se vio en la necesidad de desarrollar una estructura simbólica de representación que produjera imágenes e intentara comprenderlas, con la finalidad de predecir todo aquello que pudiese ocurrirle en la vida. Es así que surge la mente, la ilusión de un Yo que es libre y que toma decisiones cuya potestad se atribuye, ya que se considera dueño de sí mismo y en control de su psiquis. Esta mente no representa a toda la vasta posibilidad del cerebro, sino que depende del resultado del encuentro del mundo externo y el observador que lo reconstruye y transforma, dicho con mayor precisión, el encuentro mismo lo hace.

Ahora bien, esta construcción fue necesaria y funcional, pero también puede alejar al hombre de sus propias necesidades y del desarrollo óptimo de su ser, debido a que la mente es el resultado de la suma de experiencias “positivas” y “negativas”. Estas experiencias se acumulan en la memoria implícita desde el inicio de la vida y a lo largo de la primera infancia con gran intensidad. Experiencias presimbólicas y preverbales que se graban e imprimen una huella somática en la mentalidad incipiente de quien las vive, un registro corpóreo que configura un fondo emocional que oscurece el paisaje y proyecta sombras que afectan la atención y la interpretación. Son redes sinápticas que establecen circuitos reactivos automáticos, cargados de ímpetu y energía, que constituyen disposiciones funcionales. Disposiciones que condicionan significativamente tu conducta emocional y relacional, e inciden en la estructura y funcionamiento de tu memoria declarativa, que es donde residen las creencias. Estas creencias se apoyan y derivan de las huellas somáticas, es decir, emergen en coherencia con el color del vidrio de tus gafas.

Entonces, son las creencias las que están justificando, perpetuando y evidenciando lo que está dentro de nosotros, y también es a través de ellas, al identificarlas y modificarlas, que podemos transformar nuestra vida y alcanzar todo nuestro potencial. Se supone que somos la cúspide de la evolución o, desde la perspectiva teológica, somos la más alta creación de Dios, siendo a su imagen y semejanza. De cualquiera de las dos formas, no somos la especie más robusta, pero nuestra inteligencia floreció; entonces, si nuestra inteligencia floreció, ¿no deberíamos saber cómo hacer que la experiencia sea hermosa y agradable? Si lo que quieres no sucede dentro de ti, ¿cómo sucederá en tu vida? Tu miseria es que tu mente no funciona de la manera que deseas, debido a que tienes creencias que te están frenando, lastimando y generando sufrimiento; creencias que no te pertenecen porque su contenido proviene del mundo exterior, creencias que son una ilusión, una construcción y que, por tanto, se pueden deconstruir y reinventar.

Un cierto día, una señora se fue a dormir, mientras dormía ella tuvo un sueño, en su sueño vio a un hombre atractivo parado allí mirándola. Luego el hombre empezó a acercarse más y más cerca, tanto que ella podía sentir su aliento. Ella tembló, no con miedo, y luego preguntó: “¿Qué vas a hacerme?” El hombre contestó: “Bueno señora, este es su sueño…” Lo que está sucediendo en tu mente es tu propio sueño, es tiempo de levantarte de la fantasía, de dejar de ser un accidente y empezar a hacerte cargo de tu vida; es tiempo de mirar hacia adentro con compasión y de ser cada vez más consciente, y si lo que encuentras no te suma y empodera, ¡hazte cargo de cambiarlo!, es solo una voz que te miente. Jesús dijo: “¡Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres!” La verdad es que la mente es tu instrumento, uno que está al servicio del desarrollo de todo tu potencial. No caigas en la trampa, no dejes que el instrumento se apodere de ti; los pensamientos y creencias que de ella florezcan debieran ser siempre para tu crecimiento, evolución y bienestar.

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